El otro día vi en Tiktok una frase (dejaré adjuntada la foto) que hablaba sobre la no necesidad de inclusión si la educación se destina a cuidar y tomar como natural lo diferente.
Soy una persona que los temas sociales los reflexiona por dentro y me proporciona un granito de arena a mi personalidad... y bueno la verdad es que si es verdad que la sociedad tiende siempre más, sobre todo con Tiktok e Instagram, que han creado modelos de personas que todo el mundo quiere imitar, pues a la homogeneización de nuestra personalidad y fisico. Muchas personas se piensan que solamente hay que incluir a las personas que sufren TEA, TDH o TDA, pero... ¿y todas las personas que conservan su propia personalidad, aunque sea distinta al resto? En esta sociedad, si no tienes X seguidores en redes sociales o te vistes de una determinada manera te pueden llegar a dejar de lado, porque no sigues la ruta normativa de los niños de tu edad.
Esta entrada va sobre todo para reflexionar sobre la inclusión desde cuarto de primaria, cuando pienso yo que se comienza a excluir a las personas por esto.
Cuando pensamos en inclusión, muchas veces lo hacemos desde una mirada reducida, casi clínica, asociándola únicamente a diagnósticos, etiquetas o necesidades educativas especiales. Sin embargo, esta forma de entender la inclusión deja fuera una parte muy importante de la realidad: la diversidad cotidiana, silenciosa y no diagnosticada que existe en cualquier aula.
En cuarto de primaria, aproximadamente entre los 9 y 10 años, los niños y niñas comienzan a construir con más fuerza su identidad social. Empiezan a compararse, a buscar la aprobación del grupo y a identificar qué comportamientos, gustos o formas de ser son aceptados y cuáles no. Es en este momento cuando la diferencia deja de vivirse con naturalidad y empieza, en muchos casos, a convertirse en motivo de exclusión.
Aquí es donde la frase que vi en TikTok cobra sentido: quizá no haría falta hablar tanto de inclusión si la educación estuviera realmente orientada al cuidado y a entender la diferencia como algo natural. Porque si desde pequeños se les enseñara que no hay una única forma correcta de ser, vestir, hablar o relacionarse, no existiría la necesidad de “incluir” a nadie: todos formarían parte desde el principio.
Las redes sociales han intensificado este problema. TikTok e Instagram proyectan modelos muy concretos de éxito, belleza y popularidad que se filtran, cada vez antes, en las aulas. El número de seguidores, la ropa que se lleva, los gustos musicales o incluso la forma de hablar pueden convertirse en criterios de aceptación social. Quien no encaja en ese molde corre el riesgo de ser invisibilizado o apartado, aunque no tenga ninguna dificultad cognitiva ni un diagnóstico específico.
Por eso, cuando hablamos de inclusión, no deberíamos limitarnos a pensar en alumnado con TEA, TDAH o TDA, sino también en aquellos niños y niñas que simplemente son diferentes: más tímidos, más creativos, más tranquilos, con intereses poco comunes o con una personalidad que no sigue la ruta normativa del grupo.
Desde mi punto de vista, la escuela tiene un papel fundamental para frenar esta exclusión silenciosa. No solo como espacio de aprendizaje académico, sino como lugar donde se construyen valores, relaciones y formas de mirar al otro.
Algunas posibles soluciones o estrategias para mejorar esta situación podrían ser:
• Trabajar la educación emocional y social de forma sistemática, ayudando al alumnado a identificar sus emociones, respetar las de los demás y valorar la diversidad como una riqueza.
• Dar visibilidad y valor a diferentes formas de ser y de destacar, no solo a las más populares o visibles. Reconocer el esfuerzo, la creatividad, la empatía o la cooperación ayuda a romper jerarquías sociales dentro del aula.
En definitiva, más que hablar de inclusión como algo añadido, quizá deberíamos replantearnos el sentido de la educación: una educación que cuide, que acompañe y que entienda la diversidad como lo normal. Porque cuando lo diferente se vive como natural, nadie queda fuera.
Carlos que entrada más profunda. Siempre he hablado de inclusión como algo súper necesario, pero nunca se me ha pasado por la cabeza esto que dices que no hace falta inclusión sino convivencia y .. cuánta razón! Le daré una vuelta más a fondo!
ResponderEliminarCarlos me ha parecido una reflexión muy interesante y necesaria. Me gusta mucho cómo hablas de la inclusión más allá de las etiquetas y cómo señalas esa exclusión que muchas veces no se ve. También estoy de acuerdo con lo que dices sobre cuarto de primaria y la influencia de las redes sociales. Ojalá los colegios apostaran más por una educación que cuidara y normalizara las diferencias desde el principio.
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